Tu punto de vista

Hubo una vez un rey preocupado porque la gente fuera mejor persona. Tras mucho meditar llego a la conclusión de que lo principal era la sinceridad.
Así decidió desterrar la mentira de sus tierras y para ello decidió establecer un patíbulo en el puente que servía de acceso a la ciudad. Un escuadrón a las órdenes de un capitán revisaba a todo aquel que entraba a la ciudad. Se hizo público lo siguiente: “Toda persona que quiera entrar en la ciudad será previamente interrogada. Si dice la verdad, podrá entrar. Si miente, será conducida al patíbulo y ahorcada”.

Al amanecer, días después, un sabio ermitaño se puso en marcha hacia la ciudad. Caminaba con lentitud. Avanzó hacia el puente. El capitán se interpuso en su camino y le preguntó:
–¿Adónde vas?
–Voy camino de la horca para que podáis ahorcarme -repuso sereno el eremita.
El capitán asombrado aseveró:
–No lo creo…
–Pues bien, capitán, entonces he mentido y tu deber es ahorcarme…
–Pero…pero si te ahorcamos por haber mentido -repuso el capitán-, habremos convertido en cierto lo que has dicho y, en ese caso, no te habremos ahorcado por mentir, sino por decir la verdad, y seria matar a un inocente.
–Así es -afirmó el ermitaño-. Entonces.., ¿Qué es la verdad?
Moraleja: no te aferres a tu punto de vista; es una traba mental y un fuerte obstáculo en el viaje interior. La empatía mejora la relación entre las personas y es fundamental en la relación en pareja.
.- El karateca-filósofo

Hacer feliz

“Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación. El otro hombre tenía que estar todo el tiempo boca arriba. Los dos charlaban durante horas.
Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, donde habían estado de vacaciones… Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana.

El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior.
La ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad.
El hombre de la ventana describía todo esto con detalle exquisito, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena.
Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras.
Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía.
Se llenaron todos de pesar…
Tan pronto como lo considero apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana. La enfermera le cambió encantada y, tras asegurarse de que estaba cómodo, salió de la habitación.
Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para lanzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo el mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama… y se encontró con un descampado lleno de escombros.
El hombre, entonces, lo entendió todo, y una lágrima le resbalo de la mejilla, mientras recordaba a su amigo fallecido…
Moraleja: Hacer feliz a los demás es uno de los actos más nobles y loables que existen; no nos cuesta nada y muchas veces conlleva una gran felicidad, sea cual sea la propia situación. El dolor compartido es la mitad de pena, pero la felicidad, cuando se comparte, es doble”.
.-El karateca-filosofo

Miyamoto Musashi

Les contaré la historia del samurai quien vino a ver al legendario maestro Miyamoto Musashi y le pidió que le enseñara la verdadera vía de la espada. El maestro aceptó. Una vez su discípulo, el samurai utilizaba todo su tiempo, como le había ordenado su maestro, cargando y cortando leña y yendo a buscar agua desde un distante manantial. Hizo esto todos los días por un mes, dos meses, un año, tres

años. En la actualidad cualquier discípulo se habría arrancado a la semana o hasta unas pocas horas, pero el samurai continuó, y en el proceso formó su cuerpo. Al final de tres años, a pesar de todo, se hartó y le inquirió a su maestro, «Qué tipo de entenamiento me está dando? No he tocado una espada desde que llegué. Ocupo todo mi tiempo cortando leña y cargando agua. Cuando me va a iniciar?»»Está bien, está bien», respondió el maestro. «Ya que lo deseas, ahora te enseñaré la verdadera técnica».

Le ordenó que fuera al dojo y ahí, día tras día, desde la mañana hasta la noche, el discípulo tuvo que caminar alrededor de la orilla externa del tatami, paso a paso alrededor del salón sin nunca perder el paso.

Así pues el discípulo caminó alrededor de la orilla del tatami por un año. Al final de ese tiempo le dijo a su maestro, «Soy un samurai, tengo una larga experiencia con la espada y he conocido a otros maestros de kendo. Ninguno me ha enseñado de la manera que usted lo hace. Ahora, por favor, enséñeme la verdadera vía de la espada».

«Muy bien,» dijo el maestro. «Sígueme.»

Lo guió lejos en las montañas a un lugar donde un tronco de árbol hacía de puente por encima de una quebrada profunda, escabrosa de profundidad aterradora.

«Muy bien,» dijo el maestro, «crúzalo.»

El samurai no entendía lo que su maestro quería decir; cuando miró hacia abajo, titubeó, retrocedió y no pudo convencerse de cruzar.

Repentinamente se escuchó un sonido de golpeteos detrás de ellos, el sonido del bastón de un hombre ciego.

El ciego, sin prestarles atención, los pasó y golpeteando se guió firmemente por encima del abismo, su bastón por delante.

«Ahh,» pensó el samurai, «Estoy comenzando a entender. Si el ciego puede cruzar así, yo debería poder también lograrlo.»

Y luego su maestro dijo, «Por un año completo has caminado vuelta tras vuelta alrededor de la orilla del tatami, que es mucho más angosto que ese tronco; deberías poder cruzar.»

Entendió y rápidamente cruzó al otro lado.

Su entrenamiento estaba terminado: tres años desarrolló la fuerza corporal; un año completo desarrolló su poder de concentración sobre una sola acción (caminar); y finalmente, encarando la muerte a la orilla del abismo, recibió su entrenamiento final de espíritu y mente.

Tsukahara Bokuden

Tsukahara Bokuden era un Ronin ,que vivió desde 1490 hasta 1571. Un día recibió un día la visita de un colega. Con el fin de presentar a sus tres hijos a su amigo, y mostrar el nivel que habían alcanzado siguiendo su enseñanza, Bokuden preparó una pequeña estratagema: colocó un jarro sobre el borde de una puerta deslizante de manera que cayera sobre la cabeza de aquel que entrara en la habitación.

Tranquilamente sentado con su amigo, ambos frente a la puerta, Bokuden llamó a su hijo mayor. Cuando éste se encontró delante de la puerta, se detuvo en seco. Después de haberla entreabierto cogió el vaso antes de entrar. Entró cerró detrás de él, volvió a colocar el jarro sobre el borde de la puerta y saludó a los Maestros.
– Este es mi hijo mayor – dijo Bokuden sonriendo -, ya ha alcanzado un buen nivel y va camino de convertirse en Maestro.
A continuación llamó a su segundo hijo. Este deslizo la puerta y comenzó a entrar. Esquivando por los pelos el jarro que estuvo a punto de caerle sobre el cráneo, consiguió atraparlo al vuelo.
– Este es mi segundo hijo – explicó al invitado -, tiene un buen nivel, pero aún le queda un largo camino que recorrer.
El tercero entró precipitadamente y el jarro le cayó pesadamente encima, pero antes de que tocara el suelo, desenvainó su sable y lo partió en dos.
– Y este – respondió el Maestro – es mi hijo menor. Es la vergüenza de la familia, pero aún es joven y tiene tiempo para aprender…
Moraleja: La mayor victoria es aquella que se alcanza sin tener que luchar.
“Conseguir cien victorias en cien batallas no es la medida de la habilidad: someter al enemigo sin luchar es la suprema excelencia”.- Sun Tzu. El arte de la guerra.
.- El karateca filósofo

la hormiga y la cigarra

Había una vez una Hormiguita y una Cigarra que eran muy amigas………….
Durante todo el otoño la Hormiguita trabajó sin parar, almacenando comida para el invierno.
No aprovechó el sol, la brisa suave del fin de tarde, ni de la charla con amigos tomando una cervecita después de un día de trabajo.
Mientras, la Cigarra solo andaba cantando con los amigos en los bares de la ciudad, no desperdició ni un

minuto siquiera, cantó durante todo el otoño, bailó, aprovechó el sol, disfrutó muchísimo sin preocuparse con el mal tiempo que estaba por venir.
Pasados unos días empezó el frío, la Hormiguita, estaba exhausta de tanto trabajar, pero contenta, pues sabia que gracias a su duro trabajo podría aguantar el invierno apaciblemente, con su guarida repleta hasta el techo de comida.
De repente, cuando el frio viento empezaba ya a soplar, alguien la llamo por su nombre desde afuera y cuando abría la puerta tuvo una sorpresa cuando vio a su amiga Cigarra dentro de un Ferrari y con un valioso abrigo de pieles:
-Hola amiga! .- dice la Cigarrra, -venia a despedirme. Voy a pasar el invierno en Paris.
La Hormiguita respondió:
-Vaya!! me alegro por ti; pero ¿qué ocurrió? ¿Donde conseguiste el dinero para ir a Paris, comprar este Ferrari, Y ese abrigo tan bonito y caro?
Y la Cigarra respondió:
– Imagínate que yo estaba cantando en un bar la semana pasada y a un productor le gustó mi voz. Firmamos un contrato para hacer un show en Paris. A propósito, ¿necesitas algo de allá?
-Si, dijo la Hormiguita. Si te encuentras con J. La Fontaine (autor de la fábula original), MANDALO DE MI PARTE A LA MIERDA
Moraleja: Aprovecha la vida, dosifique el trabajo y la diversión, pues trabajar demasiado solo trae beneficios en las fábulas de La Fontaine. Trabaje, pero disfrute de la vida, ella es única.

Grandes maestros

La historia con moraleja de hoy:
-“Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa, que no tengo fuerzas para hacer nada. Todos me dicen que soy una calamidad, que no sirvo para nada, que no hago nada bien, que soy bastante tonto… ¿Cómo puedo mejorar?… ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?”
El maestro, sin mirarle le dijo:
– “Bien”, asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique izquierdo y dándoselo al chico, agregó:
– “Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debes vender este anillo y trata de obtener por él la mayor suma posible, pero nunca aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas”
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con cierto interés, hasta que decía el precio que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, unos se reían, otros daban media vuelta hasta que un viejito le explicó que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio del anillo.
Después de ofrecer la joya a más de cien personas y abatido por su fracaso, montó en el caballo y regresó. Entró en la habitación y dijo:
– Maestro lo siento… no pude conseguir lo que me pediste. Tal vez podría conseguir dos o tres monedas de plata, aunque no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo”.
– “Debemos saber primero el verdadero valor del anillo”.- dijo el maestro.
“Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto daría por él. A pesar de todo lo que te ofrezca, nunca se lo vendas. Regresa aquí de nuevo con el anillo”.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo. Lo miró con lupa, lo pesó y luego le dijo:
– “Dile al maestro, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 20 monedas de oro”.
– ¿20 monedas??? Exclamó el joven.
– “Sí”- replicó el joyero- Sé que con el tiempo, podríamos obtener hasta 40, pero nunca si la venta es urgente.
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
– “Siéntate- dijo el maestro después de escucharlo. Tú eres como este anillo: una joya valiosa y única y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida, pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.
Moraleja: Solo los buenos maestros saben sacar de nosotros nuestro verdadero potencial

Soluciona los problemas

Un gran maestro y un guardián compartían la administración de un monasterio zen. Cierto día el guardián murió, y había que sustituirlo. El gran maestro reunió a todos sus discípulos para escoger a quien tendría ese honor.
– “Voy a presentarles un problema —dijo—. Aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián del templo”.
Trajo al centro de la sala un banco, puso sobre este un enorme y her

moso florero de porcelana con una hermosa rosa roja y señaló: “Este es el problema”.
Los discípulos contemplaban perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor… ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados. Después de algunos minutos, un alumno se levantó, miró al maestro y a los demás discípulos, caminó hacia el florero con determinación y lo tiró al suelo rompiéndolo en mil pedazos.
– “Usted es el nuevo guardián —le dijo el gran maestro, y explicó—: Yo fui muy claro, les dije que estaban delante de un problema. No importa qué tan bellos y fascinantes sean, los problemas tienen que ser resueltos. Puede tratarse de un florero de porcelana muy raro, un bello amor que ya no tiene sentido, un camino que debemos abandonar pero que insistimos en recorrer porque nos trae comodidades, etc.
Sólo existe una forma de lidiar con los problemas: atacarlos de frente.
Los problemas tienen un raro efecto sobre la mayoría de nosotros: nos gusta contemplarlos, analizarlos, darles vuelta, comentarlos… cuando muchas veces la solución está a nuestro alcance, aunque no la veamos.
Moraleja: Sucede con frecuencia que comparamos nuestros problemas con los de los demás y decimos: “Su problema no es nada… ¡espere a que le cuente el mío!” Se ha dado en llamar “parálisis por análisis” a este proceso de contemplación e inacción.
No le des vueltas: soluciónalo!!

La imaginación y el conocimiento

Cuenta una antigua leyenda que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de asesinato. El hombre fue llevado a juicio y comprendió que tendría escasas oportunidades de escapar a la horca. El juez, también confabulado, se cuidó de mantener todas las apariencias de un juicio justo. Por eso le dijo al acusado: “Conociendo tu fama de hombre justo, voy a dejar tu suerte en manos de Dios: escribiré en dos papeles separados las palabras ‘culpable’ e ‘inocente’. Tú escogerás, y será la Providencia la que decida tu destino”.

Por supuesto, el perverso funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: “Culpable”.
La víctima, aun sin conocer los detalles, se dio cuenta de que el sistema era una trampa. Cuando el juez lo conminó a toma uno de los papeles, el hombre respiró profundamente y permaneció en silencio unos segundos con los ojos cerrados. Cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y, con una sonrisa, tomó uno de los papeles, se lo metió a la boca y lo engulló rápidamente. Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon.
—Pero, ¿qué ha hecho? ¿Ahora cómo diablos vamos a saber el veredicto?
—Es muy sencillo —replicó el hombre—. Es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos lo que decía el elegí.
“En momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”.
Albert Einstein

Llama interior

Cuentan que un rey muy rico de la India, tenía fama de ser indiferente a las riquezas materiales y hombre de profunda religiosidad, cosa un tanto inusual para un personaje de su categoría.
Ante esta situación y movido por la curiosidad, un súbdito quiso averiguar el secreto del soberano para no dejarse deslumbrar por el oro, las joyas y los lujos excesivos que caracterizaban a la nobleza de su tiempo.

Así pues acudió al rey y preguntó: Majestad, ¿cuál es su secreto para cultivar la vida espiritual en medio de tanta riqueza?
El rey le dijo: “Te lo revelar. Recorre todo mi palacio y observa toda la riqueza a tu alrededor. Pero lleva una vela encendida. Si se apaga, te decapitaré”.
Al término del paseo, el rey le preguntó: “¿Qué piensas de mis riquezas?”
La persona respondió: “No vi nada. Sólo me preocupé de que la llama no se apagara”.
El rey le dijo: “Ese es mi secreto. Estoy tan ocupado tratando de avivar mi llama interior, que no me interesan las riquezas de fuera”

La propia Naturaleza

Un maestro oriental, cuando vio como un escorpión se estaba ahogando, decidió sacarlo del agua.
Cuando lo hizo, el alacrán lo picó. Por la reacción al dolor, el maestro lo soltó, y el animal cayó al agua y de nuevo estaba ahogándose.
El maestro intentó sacarlo otra vez, y otra vez el escorpión lo picó.
Cuando se disponía a sacarlo de nuevo, alguien que había observado todo, se acercó al maestro y le dijo:
– «Perdone… ¡pero usted es terco! ¿No entiende que cada vez que intente sacarlo del agua lo picará?».
El maestro respondió:
– «La naturaleza del escorpión es picar; pero eso no va a cambiar la mía, que es ayudar».