Carta de Esther Romero al Shihan

Una de las profesiones más bellas es poder enseñar, y enseñando, el maestro deposita en nuestro interior semillas que nosotros debemos regar para que después nazcan los frutos...
Yo he dicho en más de una ocasión que a mí me enseñó más mi maestro de karate que mi padre, y cómo bien sabeis todos, es la misma persona, pues gran error mío, quién me enseñó es un solo der, una sola persona, con muchas facetas, como cada uno de nosotros tenemos, es padre, marido, hijo, hermano, amigo y por supuesto, maestro.
Y para poder saber quién es, debemos mirar hacia detrás, y conocer que para ser quién es tuvo que luchar, dejar su ciudad, trabajar muy duro, y si alguna caía, aprendió a volverse a levantar con más fuerza...
Nuestro maestro, para ser como es, es un gran cultivador, cultivador de su vida interior, buscador de respuestas y aprendiz de la vida, siempre abierto a nuevos horizontes, mantenidos por unas bases como lo son la humildad y el respeto...
Creo que siempre tras una clase, nos regala unas palabras, que a cada cual según el día, nos pueden ayudar más o menos, pero el gran regalo que nos hace nuestro maestro es, mostrarnos el camino, a caminar con nuestras manos vacías, enseñarnos a luchar en soledad, contra nosotros mismos, nuestros miedos, y enseñarnos que solo nosotros tenemos la respuesta, a nuestras preguntas, a nuestras dudas...
Gracias Shihan, gracias de parte de tus alumnos, que cada día sigues abonando la tierra de nuestra alma, y solo nos pides que la reguemos, que la cuidemos, pues lo que nazca de ella, dependerá de nosotros mismos...
Ous!!!!